Caemos tan fuerte y el dolor es tan profundo que aunque nos digamos a nosotras mismas una y otra vez que hay cosas peores, que hay quienes la pasan peor, sabemos que esto es más grave que todo. Diecisiete años de tu vida, dieciséis de la mía, la vida se encargó de juntarnos en el momento más difícil, nos hizo madurar de golpe, quitándonos aquello que nos faltaba tener, un error propio, un error de otro, como sea ambas lo llevamos a cuestas.
Deseamos con toda el alma, con cada fibra de nuestro cuerpo ocupar otro lugar, acostarnos, despertar y que todo haya sido una pesadilla más para agregar a nuestra colección, pero sabes bien que es real, que no contaremos esa historia como algo que gracias a Dios no pasó. Hablando de Dios, aunque no seamos muy creyentes, Él por alguna razón adelantó el reloj, dejó que corriera el tiempo y llegaran los meses con cada vez más obstáculos.
Por algo no lo hiciste, por algo lloré tanto y le pedí a aquel Dios que me diera una respuesta, lo único que supe que quería, es que estuviera ahí pasara lo que pasara. Y aquí estoy, haciéndome cada vez más fuerte, junto a ti, entendiendo que las cosas no son tan simples como parecían, como dice Vicentico: "Los caminos de la vida son muy difícil de andarlos y no encuentras la salida". Entendiendo, o tratando de ... el por qué de las cosas, por qué yo?, por qué tú? Probándonos a nosotras mismas o porque tengamos que probárselo al mundo entero, no nos vamos a rendir tan fácilmente.
Cuando recuerdo el día en que me dijiste entre lágrimas que te hacía recordar un poco a ella, recuerdo la promesa que me hice a mi misma de nunca dejarte, de ser la hermana que perdiste, que de alguna forma me identifico con ella aunque no la haya conocido y me hubiera gustado hacerlo, pero que nunca te olvida y siento que por alguna extraña razón y en algún extraño modo me escogió a mi para estar a tu lado siempre, y no me preguntes como lo sé, porque ni yo misma puedo saberlo, solo puedo sentirlo.
Por más duro que sea aceptarlo es tiempo de crecer, de madurar, de hacerse fuerte por mucho que cueste.
Podemos caer mil veces, pueden hacernos caer un millón de veces, pero no pueden hundirnos. Aunque muy oscuro esté el camino, encontraremos esa luz que nos guiará hacia la salida, siempre juntas.
Te quiero y te voy a acompañar como ahora, siempre.

Que emotivo el texto. Profundas sensaciones.
ResponderEliminar